Comunicación crítica para tiempos críticos

Categoría: Cine (página 1 de 2)

Barbara M. Roberts

Por Wladimir Uscátegui

El estreno de la versión live-action de Barbie estuvo antecedida de una campaña de expectativa que debe contarse entre las más efectivas de cuantas se tenga memoria: que hasta la oficina de prensa de la Presidencia de la República de Colombia haya cedido a la tentación de unirse al trending topic del momento es apenas una muestra del enorme impacto de la campaña orquestada por los ejecutivos de Mattel; no me hubiese extrañado en absoluto si el día del estreno la Estación Espacial Internacional hubiera mostrado una imagen del planeta Tierra teñido de rosa… (UwU)

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Oppenheimer: La ilusión de inmunidad

Por David Paredes

Se podría decir que la película más reciente de Christopher Nolan nos presenta una versión moderna de la leyenda alemana de Fausto. A diferencia de él, sin embargo, Oppenheimer no parece movido por un apetito desmesurado al cual quisiera dar satisfacción (¿qué es, entonces, aquello que lo impulsa?), pero sí se embarca en el proyecto precedido por la celebración de un pacto con fuerzas oscuras, las mismas que le ofrecen poder y otras garantías para que vaya más allá de sus propias limitaciones.

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Cancelar la cultura, rescatar la sociedad

Por Wladimir Uscátegui

1. El gran dictador

En octubre de 1940 se estrenaba en Nueva York la película El gran dictador, en la que su autor, el actor y director británico Charles Chaplin, hacía una parodia poco sutil del régimen nazi. El famoso bigote de Chaplin se solapaba con el no menos famoso (y no menos ridículo) bigote de Hitler en un juego de simulacros que, al parecer, no desagradó demasiado al dictador alemán. Se dice, incluso, que el Führer organizó al menos dos proyecciones privadas de la película, una obra realizada por un absoluto contemporáneo suyo (habían nacido el mismo año con apenas cuatro días de diferencia).

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El pensar desencadenado

Por David Paredes

Hemos dedicado grandes esfuerzos o, al menos, mucho tiempo a fantasear escenarios apocalípticos; entre estos, la rebelión de las máquinas. Más allá de si se ajusta a la lógica, si es probable o si está cerca o lejos en el tiempo, considero particularmente reveladora la representación de esta rebelión como amenaza para nuestra especie.

El temor a la rebelión es, primero, temor a la autonomía de lo automático. El progreso tecnológico ha permitido que las máquinas funcionen cada vez con menos intervención humana, pero entonces surge el temor a que, por llevar esa premisa al extremo, las máquinas dejen de necesitar a la humanidad como determinante de su acción. Se trata, pues, del miedo a lo automático no controlable (diferente a lo automático disciplinado).

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Tiempos modernos

Por Gustavo Montenegro Cardona

En 1936 se produjo la clásica película de corte social Tiempos Modernos. En este filme, escrito, dirigido y protagonizado por Charles Chaplin, “Charlot”, el icónico vagabundo, representa los impactos de la denominada deshumanización de la sociedad industrializada, así como también narra la carencia de condiciones laborales y la proliferación de protestas en la época de la Gran Depresión de los años 30, en Estados Unidos. 

Para la época del estreno de la película sólo habían transcurrido 47 años desde que la Segunda Internacional Socialista estableció el primero de mayo como el día en el que se conmemoraba el acuerdo que estableció como derecho de los trabajadores la jornada de ocho horas y el cumplimiento de otras demandas del movimiento obrero como la Seguridad Social para los trabajadores que incluía, entre otros: seguro contra enfermedades, accidentes de trabajo, invalidez y vejez, igualdad salarial, derecho al salario mínimo, disfrute de vacaciones, bonificaciones, pago de días festivos, derecho a la asociación sindical o el derecho a la huelga.

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Impunidad

Por Gustavo Montenegro

“Estoy seguro que a cualquiera le gusta un buen crimen, siempre que no sea la víctima.”
Alfred Hitchcock

Como toda obra audiovisual, el documental El estafador de Tinder, producción marca Netflix que rápidamente se ha convertido en una de las realizaciones más vistas de este mes con más de 65 millones de horas de reproducción, no escapa a las múltiples y diversas lecturas que desde perspectivas, horizontes e intereses puedan hacer los espectadores. El tema ha generado memes de gran factura, discusiones sobre los embaucadores románticos, análisis psicológicos sobre el comportamiento de las víctimas y su relación con este tipo de timadores; hasta se puso en circulación un artículo de un medio nacional sobre la aparición del “Estafador de Tinder colombiano”. Nuestro interés en esta nota es resaltar un aspecto que nos parece fundamental en la construcción del relato: la labor del equipo periodístico que ayuda a develar la identidad de Simon Leviev y su método de estafa.

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Soy un triste payaso

Por Gustavo Montenegro Cardona

El comediante, título de película en el entorno de Netflix, de entrada abre la expectativa de poder enfrentarse a una cinta para pasar el rato, para la distracción nocturna y sumar algunas horas de diversión antes de cerrar el día. Rueda el archivo y a medida que el tiempo pasa la narración adquiere cuerpo y sentido. El título se constituye en un anzuelo con buena carnada y cumple con la función de atrapar al espectador que busca, sin saber con qué se puede encontrar.

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Julia Ducournau: El cuerpo como metáfora

Foto: The Guardian

Por Wladimir Uscátegui

Concedamos por un momento que todo arte -toda ficción al menos- es alegórico. Las obras que contienen elementos fantásticos suelen ser muchas veces expresión soterrada de algo más o sirven de vehículo para (d)enunciar aspectos sociales, políticos o morales. Sin embargo, cabe también la posibilidad de que algunas obras no tengan más intención que la de sumergirnos en un mundo de horror que apela, siquiera de un modo involuntario, al sustrato más pantanoso de nuestra conciencia (lo cual, por otra parte, también tiene algo de alegórico), justo ahí donde habitan nuestros miedos, fobias y vicios más inconfesables.

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El poder y la omisión

Por David Paredes

I

Se presentan como salvadores que no consiguen su objetivo; héroes fracasados (pero nobles) no porque carezcan de los medios para cumplir sino porque, en su relato, el monstruo se hace cada vez más grande. La sociedad nos es presentada como un complejo ingobernable, una feria de causas perdidas en la cual se destaca la supuesta persistencia de ellos, los oligarcas, que llevan años diciendo que lo intentan. Hablan de acabar con el narcotráfico, los cultivos de uso ilícito, las bandas criminales, la corrupción, la injusticia, la inequidad… Prometen muchas cosas, estiman plazos. Alargan el proceso, dejan pasar tiempo y vuelven a prometer.

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'Parasite': Tan dura como la vida (o más)

Por Wladimir Uscátegui

El hoy celebrado director surcoreano Bong Joon-ho despuntó en 2003 con Memories of Murder, una película que ya avisaba de las que serían las señas de identidad de prácticamente la totalidad de su obra cinematográfica: historias oblicuas protagonizadas por personajes psicológicamente complejos, para nada estereotipados, contadas con nervio, destreza técnica y sutiles toques de humor (a veces un tanto macabro). Ya desde entonces empezaría a contar también con la participación de Song Kang-ho, quien en adelante será lo que Robert De Niro para Scorsese, Klaus Kinski para Herzog o Ewan McGregor para Danny Boyle: un actor fetiche.

Después del buen ejercicio de estilo que fue Memories, Bong daría un paso adelante con la deslumbrante The Host (2006), una peculiar película de terror (aderezada, cómo no, con varios gags humorísticos) que destacaba, entre otras cosas (por ejemplo, la actuación de Song Kang-ho), por rehuir los manidos tópicos del género y enfocarse más en la creación de tensión dramática y la construcción de personajes ambiguos, comunes y, en ocasiones, mediocres; es decir, en las antípodas del estereotipo del héroe o, incluso, del anti-héroe.

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