
Por Wladimir Uscátegui
@Edit_Galactica
Vivo en depresión desde hace algún tiempo. Unos 40 años, más o menos. Pero al parecer no soy el único: varios amigos, amigas, me confiesan que últimamente también se sienten deprimidas o, al menos, con una sensación de resaca; guayabo, como decimos en este país lleno de folclor y muerte. El Paro Nacional que empezó el 28 de abril de este año y se prolongó por varios meses (algunos optimistas aún hoy convocan marchas uno que otro miércoles) se vivió con una intensidad inédita. Fue un momento de efervescencia social cargado de emociones fuertes, muy fuertes: la alegría desbordada de las marchas; la brutal confrontación después; el dolor por los muertos y desaparecidos, al final. Y así, cada día, durante meses. Para quienes participamos de las marchas y movilizaciones sin que el oprobio de la muerte a manos del Estado nos tocara, la revolución era, tal como lo había anticipado Bateman, una verdadera fiesta.
Pero en algún momento la fiesta se acabó. Y vino entonces la resaca.
Leer más







