La situación del Pacto Histórico es preocupante. Crisis de liderazgo, ausencia de iniciativa política, escasa producción teórica, fraccionamiento, desconexión con la gente del común y una democracia interna cada vez más reducida a prácticas clientelares son síntomas que ya no pueden ignorarse. Quienes tenemos la convicción de que es necesario transformar el país haríamos mal en disimularlos.
Hace poco causó revuelo en el ámbito político una decisión de cinco representantes del Pacto Histórico en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes: respaldaron una proposición para que la investigación contra Álvaro Uribe por hechos relacionados con las masacres de El Aro y La Granja fuera asumida por esa comisión y no continuara en la Fiscalía ¡Ahí fue Troya!
La noticia de que Gustavo Petro asumirá la presidencia del Pacto Histórico constituye una oportunidad para recuperar la iniciativa política después de la reciente derrota electoral. A pesar de las críticas que puedan formularse a su gobierno, resulta difícil desconocer que Petro continúa siendo el dirigente político más importante del progresismo colombiano. Ningún otro líder reúne hoy la capacidad de interpretar las coyunturas nacionales, conectar con amplios sectores populares y conducir el debate público con la misma audacia.
El gobierno del Pacto Histórico está iniciando la transformación de las condiciones socioeconómicas en el país, caracterizada por una producción centrada en la vida. Eso implica adelantar la transición energética y modificar la lógica tradicional de la economía del país, impulsando la producción hacia el cuidado y la ampliación de la vida: alimentación democrática, energía limpia, infraestructura pública, salud preventiva, investigación pertinente, seguridad social justa y educación universal. Es garantizar los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales que es la principal urgencia del país, la deuda de siempre. El Gobierno está poniendo las bases para construir un país que se ajuste a la Constitución, cumplir con el pacto histórico de hace treinta años.
Pienso hoy en lo que significó la campaña presidencial de Petro y Francia y recuerdo las palabras de Violeta Parra: “lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber”; no por desprecio a lo que significa la base programática sino porque nos hicieron vivir un momento más que emotivo en esta época electoral, nos dieron frases y momentos que dejaron sin barrera a las lágrimas. «Los vientos del sur» fue el significante llamado a llenar el vacío al que estábamos acostumbrados en cada elección que perdíamos. Hoy, luego de un cúmulo de resistencias, la celebración multitudinaria en las calles de cada territorio -en especial en Nariño- nos mostraron que merecíamos esta emotividad.
El candidato a la Presidencia de Colombia por el Pacto Histórico, Gustavo Petro, anunció hoy oficialmente que su fórmula vicepresidencial será la activista ambientalista Francia Márquez Mina, decisión que muchos y muchas exigían como justo reconocimiento a la excelente votación de la lideresa en la consulta interna del pasado 13 de marzo, lo que la erigió como la figura más promisoria de la escena política actual.
Sin embargo, y a pesar del entusiasmo generado por los resultados electorales de la hoy fórmula vicepresidencial, no fuimos pocos quienes consideramos que Francia merecía algo distinto a la Vicepresidencia, especialmente teniendo en cuenta que ese cargo ha sido meramente accesorio, casi un adorno inútil de nuestro sistema político. Un Ministerio, decíamos, sería lo más conveniente, pues como jefa de una cartera con un presupuesto asignado, esta mujer podría hacer mucho más, podría catapultarse hacia el futuro de manera autónoma, sin resignarse a vivir y crecer bajo la sombra de Petro.