Por Wladimir Uscátegui

Vamos a decirlo de una vez y para siempre: Jorge Enrique Robledo es uno de los mejores senadores que ha tenido la historia reciente de Colombia. Necio y ridículo sería desconocer su labor durante 20 años en el senado y otros tantos en el activismo social y la academia. Activista, docente y político, Robledo ha sido protagonista de muchos debates y mociones en las que, como resultado de sus investigaciones, fueron revelados casos de corrupción y alianzas criminales de algunos partidos políticos. Incansable y lúcido opositor de los gobiernos del uribato, su labor es solo comparable a la del también senador y hoy candidato a la Presidencia Gustavo Petro, de quien es hoy, incomprensiblemente, su más enconado crítico.

¿Qué llevó a uno de los políticos más notables de la izquierda en Colombia a ser hoy justamente uno de los opositores más feroces del cambio que se avecina?

La respuesta a este interrogante no es fácil y va más allá de una simple y a veces ridícula caricaturización del MOIR, movimiento social y político que sirvió como plataforma para su carrera política. Según ha expresado el senador Robledo, las diferencias y desacuerdos con Gustavo Petro vienen desde 2010, cuando el hoy candidato Petro rompe con la dirigencia del Polo Democrático, partido al que pertenecía entonces. Petro ha dicho que su rompimiento con la dirigencia del POLO fue ocasionada por su denuncia de los casos de corrupción de los hermanos Moreno Rojas, avalados por el Polo, y que hoy se encuentran judicializados; sin embargo, Robledo ha manifestado que la causa de su rompimiento fue la decisión de Petro de respaldar, en 2014, la candidatura de Juan Manuel Santos en lugar de la de Clara López, la candidata de la colectividad amarilla.

Otra de las razones que suelen esgrimirse para explicar el hoy incomprensible encono de Robledo con Petro se basa en una supuesta e improbable lucha de egos. Tampoco parece ser esta la razón definitiva, a pesar de que las críticas y ataques directos de Robledo ya han adquirido un innegable tinte de resentimiento y odio visceral. Las disputas egocéntricas son harto comunes en la política y sería bastante extraordinario que no existiera rivalidad entre dos personajes que, como he manifestado hace unos momentos, tienen tantas más cosas en común que diferencias insalvables.

La contienda electoral que estamos viendo hoy ha sido tan intensa que ha devenido en una andanada de ataques personales que han fracturado aún más, si cabe, la relación entre estos dos insignes representantes de la izquierda en Colombia y Robledo ha terminado asumiendo un papel que no se corresponde con su larga trayectoria y prestigio. Dentro del amplio espectro de lo que podemos considerar izquierda en Colombia, no es Robledo el primero ni el único en expresar diferencias con Petro, pero sí es el único dispuesto a oponerse de manera denudada y feroz al proyecto de cambio que representa este último.

Ad portas de terminar su carrera política, pues por primera vez en 20 años Robledo no fue reelegido como senador y la coalición a la que hoy pertenece quedó prácticamente herida de muerte, Robledo, un referente ineludible de la oposición en Colombia, ya no tiene nada que perder y parece dispuesto a dar su última batalla, esta vez, en contra de la misma oposición de la que hizo parte.

Negar sus virtudes como orador y político y su digno periplo en el Congreso sería infantil y mezquino y no queremos hoy expresar más que la nostalgia y la extrañeza por un personaje que podría hoy estar sumando al cambio en Colombia pero que, movido por esa absurda pretensión de corrección política a ultranza que distingue al denominado centro político, hoy parece resignado a ser simplemente la piedra en el zapato de Gustavo Petro.


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