César Junca R

La palabra «alternativa» es un adjetivo de carácter relativo. Es decir, está en relación con algo que permite definir su condición. Se es alternativo frente a algo que está o se presenta como único. Lo alternativo es la «opción» frente a lo que se presenta como establecido, como lo que se impone como obligatorio o, a lo sumo, como lo que se ha consolidado como tradicional. Una comunicación alternativa, por lo tanto, está en relación con otra que aparece, o se presenta, como dominante, establecida, tradicional u obligatoria.

En nuestro contexto histórico, parece extraño decir que hay un tipo de comunicación que es obligatoria, dominante, establecida o tradicional porque vivimos en sociedades donde predomina el liberalismo económico, social y político y se supone que en ellas todo es opción y elección. Se dice, incluso, que hay total libertad y que hay cualquier tipo de comunicación, por lo que ninguna es dominante ni obligatoria; todas serían, de hecho, alternativas, opciones en el mercado de la comunicación. Se supone que, en estas sociedades liberales, hay un universo del liberalismo donde toda comunicación es alternativa, toda comunicación está en igualdad de posibilidades, toda es libre expresión en un escenario de libertades.

Cualquier otro tipo de comunicación que no esté en función del mercado, de los intereses de la clase burguesa, se configura como alternativa. Hablaríamos de alternativa cuando la comunicación se presenta como opcional a la comunicación dominante en las sociedades liberales burguesas. A la comunicación que presenta una visión de mundo que no es liberal, ni burguesa, ni capitalista, ni mercantil. Entonces, una comunicación alternativa tiene, como el capitalismo, un carácter histórico, social, económico y político, es una comunicación que se lleva a cabo en un contexto específico y particular. En nuestro caso, hablamos de comunicación alternativa en este contexto específico de una sociedad donde predomina el modo capitalista de producción.

Una comunicación que reconoce la diversidad social, cultural, política y religiosa y que promueve la participación y la decisión comunitaria. Es un tipo de comunicación que busca construir una sociedad desde la idiosincrasia de los pueblos y las comunidades latinoamericanas. Desde la perspectiva de la clase trabajadora: una comunicación que propone a la sociedad sus necesidades, sus perspectivas y sus modos de vida.

El gobierno colombiano actual ha potenciado la comunicación alternativa con varias acciones. Primero, con el reconocimiento de que los movimientos, organizaciones y grupos sociales subalternos a la clase burguesa son actores fundamentales en la construcción de una sociedad centrada en el respeto y el cuidado por la vida y que tienen derecho a producir y a recibir contenido a través de diferentes modos y medios de comunicación, lo que exige
del Estado la garantía de las condiciones materiales, sociales y políticas para que puedan crear y dar a conocer sus comprensiones sobre la realidad nacional. Segundo, invitando a las organizaciones y comunidades a participar, de manera decisiva, de los recursos económicos del Estado por medio del acceso a fondos de fomento, promoción y formación social, cultural, técnicos y comunicativos, así como a la pauta gubernamental. Y tercero, reconociendo el papel de las comunidades, las organizaciones y los grupos sociales, indígenas, negros, campesinos, de mujeres, de jóvenes, etc. en la democratización de la difusión y el acceso a la información desde sus necesidades y sus perspectivas como una forma de construcción de la democracia real.

En las regiones, incluida la de sur occidente, es fundamental ir consolidando el proceso de movilización y participación en función de la articulación y la estructuración con las comunidades para la organización social y política que le dé sostén, continuidad y fortaleza al proyecto de desarrollo integral en la región. Un proceso que permita la profundización de un proyecto popular que lleve a realizar la democracia en el país, es decir, que aporte a la construcción de un partido político amplio y popular que permita crear un país donde la vida sea posible en paz.

Entonces, la tarea podría ser dar a conocer las necesidades y las perspectivas de las comunidades y permitir la construcción de la unidad nacional y regional latinoamericana desde la perspectiva popular. Mostrarse y mostrarle al país su proyecto de vida colectiva. Todo esto implica la participación de las comunidades, organizaciones y grupos sociales, económicos, políticos y culturales en los procesos de comunicación alternativa, comunitaria y popular.


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