patocracia

Por @sintrazo

Todo comenzó preguntándome por el trabajo de Maria Abramović. Escribo sobre arte y había conocido un par de acciones realizadas entre Maria y Ulay, su ex pareja, con quien compartió un significativo performance en el año 2010. Las propuestas artísticas de Maria tenían un simbolismo extraño y en ello radicaba mi interés. Sencillamente, no podía entender sus propuestas, aunque no dejaban de atraerme.

Pasó el tiempo, intercambié información sobre artistas en foros de Internet, escarbé en Reddit. Un usuario sugirió ver el trabajo de la artista con otros ojos; según él, debía entenderse como ritual de brujería, pues dista de ser arte. De hecho, el tema se puso más denso: el usuario afirmaba que las performances solo eran una fachada para esconder un evento especial dentro de un círculo de brujas, una especie de aquelarre. Comenzaron entonces a encajar los símbolos, las intenciones que habría tenido Maria a la hora de crear; el quid, digamos, de su propuesta como artista. En el proceso de recabar información sobre esta propuesta artística/litúrgica, aparecieron cosas todavía más extrañas, como el vínculo con una pintora llamada Biljana Djurdjevic, junto con otros artistas, en torno a una extraña teoría de la conspiración denominada pizzagate.

En resumidas cuentas, se dice que las élites políticas en Estados Unidos están involucradas en una red internacional de tráfico infantil. Dicha red se encuentra en diferentes restaurantes de pizza alrededor de la ciudad de Washington, circunstancia que convierte la historia en algo problemático y difícil de creer. (Por el revuelo que causó esta teoría en el año 2016, Edgar Maddison, ciudadano estadounidense, abrió fuego en un restaurante supuestamente implicado). ¿Por qué una artista haría tales actos? ¿Cómo puede relacionarse la práctica artística con la política y el escándalo? No había posibilidad. Soy de los que cree en la potencialidad del arte para transformar, para cambiar, para generar beneficios al espíritu. Mi ingenuidad me hizo olvidar que se trata solo de una herramienta y que cada quien hace con ella cuanto le plazca.

En resumidas cuentas, se dice que las élites políticas en Estados Unidos están involucradas en una red internacional de tráfico infantil. Dicha red se encuentra en diferentes restaurantes de pizza alrededor de la ciudad de Washington

Desde aquel momento me surgió la incertidumbre sobre la ética de los artistas y lo que estos serían capaces de hacer para obtener beneficios… o poder. Esa es la clave para entender las relaciones entre arte y política: es una cuestión de poder. Para mí, el golpe no podía ser más duro. Incluso en la cadena HBO apareció un documental sobre los abusos cometidos por Michael Jackson, el rey del pop, uno de mis ídolos de infancia, un monstruo de la música que, según el testimonio de afectados, también lo fue para ellos.

¿Qué le estaba pasando al mundo? Lo que comenzó con Abramovic generó una duda que me llevó a buscar más información, a intercambiar suposiciones, y emergieron los patrones: no era nuevo ni poco frecuente. De hecho, se extendía como un cáncer. En el entretenimiento, por ejemplo, la red de tráfico se había apoderado de Hollywood y el gremio de artistas parecía ser demasiado oscuro. Aparecieron figuras como Jim Carrey, Jean Claude Van Dame o Kevin Spacey, este último famoso por protagonizar la serie House of Cards, que trataba asuntos de la Casa Blanca y el presidente de EEUU. Aunque no se sabe con claridad qué ocurrió, la serie fue cancelada de manera súbita; sin embargo, según algunos foros, dicha cancelación se debió al hecho de que en la serie fuera exhibida una especie de ritual al cual se someten grandes líderes…

¿Es tan grande esto? ¿Para qué complicarse la vida metiéndose en semejantes problemas? Fue demasiado incómodo para mí seguir investigando el tema. No quería saber (involucrarme en) lo perversos que podemos llegar a ser. Necesitaba un momento para descansar del mundo en el que vivo; era necesaria la distancia. Los contenidos ingeridos se vuelven tóxicos.


La anterior narración está un poco desordenada en su línea temporal; sin embargo, lo escrito puede relacionarse con eventos del presente que extrañamente comienzan a encajar. Por eso, volví a investigar el tema. Ya Abramovic había pasado a segundo plano. Comencé con arte y heme aquí diciendo que hay un punto en donde las teorías de la conspiración comienzan a tener cercanía con la realidad.

Porque existe un personaje anónimo cuyo nickname es Qanon. Se presenta como divulgador de noticias en Reddit (si no han escuchado de esta página, este es su eslogan: “la página frontal de Internet”) donde expone disparatadas ideas sobre una guerra interna entre dos sectores del gobierno del Tío Sam: uno visible, con Trump a la cabeza, y otro oculto, con muchas cabezas, y muy poderosas, que ha sido denominado Deep State. “Q”, como lo llaman sus adeptos, se ha convertido en un divulgador del “Estado profundo”, destapando información demasiado sensible, del mismo modo que lo hiciera Julian Assange, aunque también es preciso dudar sobre los roles: si bien es cierto que este personaje se presenta como un patriota, sus exposiciones tienen un tinte de nacionalismo acérrimo, manifestando filiación política de derecha; a veces, de ultraderecha.

En un debate durante la campaña a la presidencia, la entonces candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, confrontó a Donald Trump aludiendo a lo difícil que sería llevar las riendas del país con su temperamento, ante lo cual, de manera automática, Trump respondió: “si fuera presidente, tú estarías presa”. Las temerarias declaraciones dirigieron la atención hacia las posibles causas del arresto. Si la memoria no me falla, estas discusiones se dieron en el año 2017, momento en el cual, en foros de internet, se estimulaba el trabajo investigativo conjunto. Entre aquellas investigaciones apareció un nombre: Jeffrey Epstein. Se mencionó, específicamente, la posibilidad de investigar a este personaje.

Así, en 2019, la prensa gringa destapa un escándalo de proporciones comparables a las del Watergate: Jeffrey Epstein, millonario agente inversor, es requerido por la justicia y va a juicio. Se lo encuentra culpable y es condenado a pasar una larga estadía en prisión por cargos como tráfico sexual y reincidencia en abuso a menores (ya había sido condenado en el estado de Florida en el año 2008). Meses más tarde, aparecería muerto en su celda. Cuando las investigaciones se hicieron públicas, poco a poco emergieron los detalles escabrosos de este escándalo.

Jeffrey Epstein, millonario agente inversor, es requerido por la justicia y va a juicio. Se lo encuentra culpable y es condenado a pasar una larga estadía en prisión por cargos como tráfico sexual y reincidencia en abuso a menores. Meses más tarde, aparecería muerto en su celda. Cuando las investigaciones se hicieron públicas, poco a poco emergieron los detalles escabrosos de este escándalo.

La fortuna de Epstein era difícil de rastrear. Los negocios y las cuentas que podrían explicar su riqueza no concordaban, incluso en el mismo Wall Street pocos conocían de las funciones y logros del implicado. Sin embargo, esto no le impedía codearse con personajes de las diferentes élites. Entre sus amigos se encontraban políticos poderosos, gente de la monarquía inglesa y millonarios. Al tiempo que seguían las investigaciones, el gobierno ordenó un allanamiento a la mansión de Epstein, operativo que permitió encontrar discos duros y material análogo de contenido sexual explícito con menores de edad.

Además, apareció un diario con registros de vuelo y contactos; los investigadores no tardaron en llamarlo El pequeño diario negro de Jeffrey Epstein, el mismo que estaba lleno de nombres de grandes personalidades, entre ellas Ghislaine Maxwell, su compañera sentimental por años y sobre quien recaen las investigaciones después de la muerte de Jeffrey; Jean-Luc Brunel, director de la agencia de modelos internacional Mc2, quien presuntamente habría regalado a Epstein unas trillizas francesas de doce años para su cumpleaños, según un reporte del Daily Mail de Londres; Michael Jackson; el príncipe Andrés (hijo de la reina Isabel); Bill Clinton (con más de veinte visitas registradas); Stephen Hawking; Leslie Wexner (principal inversionista de Victoria’s Secret); Alan Dershowitz (el abogado que sacó de prisión a Epstein en el año 2008, bajo un acuerdo que hoy es investigado por la peligrosidad del implicado); el expresidente de España, José María Aznar y el de Colombia, Andrés Pastrana, quien hoy está en el ojo del huracán con estas implicaciones.

El diario terminó siendo el punto que conecta con el comienzo de mi investigación, pues, como queda dicho, todo ello converge en el Poder; pero ¿para qué lo quieren? ¿cómo lo obtienen? ¿Hacía donde iban los vuelos registrados en el diario? Epstein, por ser multimillonario, podía darse lujos como tener residencias en distintas partes del mundo o, incluso, su propia isla en el Caribe, Little Saint-James, un paradisíaco lugar donde, según testimonios, se orquestaban orgías y excesos entre los poderosos. Teniendo mucho dinero puedes comprar tu propio avión: el de Epstein fue sardónicamente apodado entre sus conocidos como «Lolita Express», nombre que se ha colado en el escándalo que tiene en aprietos al expresidente Andrés Pastrana.

El supuesto suicidio de Epstein no significó el final de la historia. Soy de los que creen que, por el contrario, es apenas el final del primer capítulo de una novela que transformará sociedades. Lo que sigue, en principio, es la persecución y juicio de la expareja Maxwell. Poco a poco irá apareciendo más información escabrosa que pase por chismes o fake news. Sin embargo, la sociedad estará cada vez más atenta, porque es un fenómeno producto de la globalización y ya se siente como personal un problema de escala planetaria. Estamos en el comienzo de un evento aterrador y masivo en su cubrimiento (gracias a la internet), que involucra al poder y a la pequeña élite que lo detenta. Todo esto ¿es realmente paranoia o tiene sustento creíble? Creo que hay una posible respuesta y, si no supera esa idea, al menos queda el germen de la consciencia de un problema.


Andrzej M. Łobaczewski, psicólogo polaco, trabajó, en silencio y en total anonimato, en el estudio de la mentalidad durante los regímenes políticos (monarquías, regímenes comunistas y estados democráticos), identificando en ellos patrones de comportamiento asociados a ciclos históricos, postulado que se puede resumir de la siguiente manera: cuando es tiempo de “vacas gordas”, el colectivo tiende a ser manipulado con mayor facilidad; hay escasa respuesta “reactiva” dadas las condiciones de bienestar, pues las necesidades están satisfechas, de modo que se promueve, silenciosamente, la captura de libertades, la conquista de epicentros del poder y de control. Así, se entra en una fase de “vacas flacas”, momento en el cual existe pobreza (producto de dejar la administración en manos de quienes capturan el poder), desnutrición, mortandad y demás problemas relacionados. Es un ciclo manejado por quienes lo conocen y en función de su propia conveniencia.

Estudiar la mentalidad del colectivo llevó a Łobaczewski a tratar de entender a quienes ostentan esos lugares privilegiados. Esa es la razón de sus estudios reservados (la publicación de su trabajo fue censurada y perseguida en dos ocasiones). Uno de ellos es Ponerología Política. Una ciencia de la naturaleza del mal aplicada a propósitos políticos (Red Pill Press, 2006), libro que, con criterio científico, propone un análisis del mal (πονηρός [poneros]: el mal) y su aplicación en la política, dejando aparte argumentos místicos para centrarse en el porqué.

Las declaraciones de Łobaczewski son incendiarias: propone que el malestar social es producto de una administración llevada por individuos psicópatas (pocos,en proporción, pero con gran capacidad de unión y destrucción), personas con claras afectaciones mentales que saben esconderse entre la multitud; por lo general, individuos locuaces, inteligentes, sociales, manipuladores y temerarios, individuos incapacitados para experimentar empatía (entre un total de 16 características que, según los argumentos de criminólogo Hervey Cleckley, definen a un psicópata [La máscara de la cordura, 1941]), rasgos explicables por degeneración genética, traumas fisiológicos en la cabeza o consumo de sustancias psicotrópicas en situaciones de estrés.

Łobaczewski propone que el malestar social es producto de una administración llevada por individuos psicópatas (pocos,en proporción, pero con gran capacidad de unión y destrucción), personas con claras afectaciones mentales que saben esconderse entre la multitud

Łobaczewski va un poco más allá. Los líderes psicópatas necesitan de un colectivo que los acepte, de modo que queda establecida una relación de dependencia (las vacas flacas). El psicólogo escribe:

Un fenómeno que todos los grupos y asociaciones ponerogénicos tienen en común es el hecho de que sus miembros pierdan (o hayan perdido) la capacidad de percibir a los individuos patológicos como tales; así, interpretan su comportamiento en formas fascinantes, heroicas o melodramáticas. Cuando los hábitos de selección y substitución subconsciente de los datos se esparcen a nivel macrosocial, la sociedad tiende a desarrollar un desprecio de la crítica basada en hechos, y a humillar a quien sea que haga sonar una alarma. (Lobaczewski, 1982)

Y denomina a los estados controlados por tales personas como patocrácias (‘pathos’ [πάθος]: enfermedad, malestar, y ‘kratos’ [Κράτος]: poder). Se trata de administraciones públicas guiadas por psicópatas con tremendas consecuencias a nivel de geopolítica mundial. La ponerología mostrada por Łobaczewski parece ser el punto de partida hacia un entendimiento del mal y de cómo este se mueve a través del poder, siendo este último buscado por individuos egoístas que, para llevar a cabo sus planes, están dispuestos a pasar por encima del mundo. Los detalles de la investigación y el libro pueden encontrarse en internet. De la misma manera podemos descubrir los capítulos que faltan en la historia de Epstein.

Los tiempos han cambiado. Tener una sociedad informada parece un desafío. Sin embargo, es cuestión de ser curiosos y sacudirse. Bien decía mi madre, citando la Biblia, que no hay nada oculto bajo el Sol. Es cuestión de tiempo.