
Por Edwin García Maldonado
Con el inicio de un nuevo período presidencial abundan los balances sobre el gobierno que termina y las proyecciones sobre el que comienza. Habrá tiempo para lo segundo. Por ahora prefiero detenerme en lo primero.
Lo que sigue no pretende negar los errores del gobierno de Gustavo Petro. Los hubo, algunos de considerable trascendencia, y en buena medida respondieron a decisiones excesivamente personalizadas. Si tuviera que resumir su principal debilidad en una sola idea, diría que fue la insuficiente construcción de decisiones colectivas dentro del proyecto progresista. Los personalismos terminaron imponiéndose sobre las dinámicas de dirección compartida. No es un problema exclusivo de Petro; es una limitación que desde hace tiempo acompaña a una parte de la izquierda contemporánea, permeada también por la cultura individualista neoliberal de nuestro tiempo.
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