
Por Camilo Parra
A pocas horas de elecciones, cuando Colombia se vuelve un ring de micrófonos y consignas de esperanza y odio, conviene recordar una palabra que el escritor Eduardo Galeano encontró en las costas de nuestro país y supo convertir en brújula: sentipensar. Galeano aprendió de los pescadores de la costa colombiana que la vida no se vive divorciando la razón del corazón. El sentipensamiento es atar la emoción con el pensamiento, pensar con el corazón y sentir con la cabeza, buscando una nueva educación porque “la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón”. Por ello, antes de saber elegir, hay que sentipensar, hay que sentir con la piel pegada a la tierra de este país de treinta y dos departamentos heridos, para que todo análisis no quede en un ejercicio frío de escritorio. Porque, como él mismo escribió, “el mundo no está arriba de la mesa, está abajo, muy abajo, y hay que agacharse para verlo”.
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