
Por Edwin Manuel García Maldonado
Luchar contra el fascismo es sumamente difícil porque este encarna la bestialidad: recurre al remanente de salvajismo que aun existe en el ser humano. Tiene como principio apelar a los sentimientos básicos, a las emociones de irracionalidad extrema. Por eso el fascismo no argumenta, solo repite enunciados sin ahondar en explicaciones. Las mas de la veces carecen de esas explicaciones. De ahí que repitan mentiras hasta la saciedad, porque la mentira elude toda aclaración. Con la mentira manipulan, con la manipulación inculcan y practican el odio hacia lo “diferente”; segregan y violentan económica, social, racial y sexualmente; generan guerras mundiales; holocaustos; bloqueos económicos; genocidios palestinos; falsos positivos; prometen destripar; entre otras aberraciones.
Con frases lacónicas y absolutas, disfrazados de carismáticos, los fascistas inundan los ojos y cerebros: “vamos a acabar el comunismo que gobierna Colombia”; “somos defensores de la democracia contra la tiranía de Petro”; “Cepeda es aliado de la disidencias”; etc. Pero nunca esbozan siquiera los fundamentos que sustentarían esas afirmaciones, por eso el fascismo es enemigo de la mayéutica socrática, porque este método busca las verdades a través del cuestionamiento: ¿En Colombia gobierna el comunismo? ¿Petro ejerce una tiranía? ¿Existen pruebas fehacientes que demuestran la alianza de Cepeda con las disidencias? Al fascismo no le interesa la verdad, no responde, evade y vuelve a atacar: comunista, tirano, terrorista…
La argumentación es el ejercicio del lenguaje y la inteligencia por antonomasia. Es la práctica que nos diferencia del resto de especies, es lo que nos caracteriza como seres humanos. Argumentar genera vínculos, acerca, teje relaciones de armonía y respeto: humaniza. En nuestra concepción profundamente humanista nos identifica la preocupación por explicar y comunicar las razones, eso conlleva a interactuar, crear solidaridad y fraternidad. Esto constituye nuestra esencia humana como especie que evolucionó y superó estadios salvajes: el lenguaje, la inteligencia y, finalmente, la argumentación representan el paso del salvajismo a la civilidad.
Por eso nuestro ejercicio político es mas complejo, porque implica la responsabilidad con esa condición humana que significa la argumentación. Por eso es lento nuestro avance, porque vamos al fondo de las cuestiones, nos preguntamos, indagamos, queremos llegar a la verdad para convencernos, eso toma tiempo, pero nos humaniza. No nos quedamos en la frase hueca, en la sentencia lacónica. Lo nuestro es la democracia, es decir, la sustentación de las ideas, el universo multicolor y multidimensional del lenguaje inteligente y, sobre todo, argumentativo.
Siendo portadores de esa diversidad multiforme del lenguaje argumentativo se nos facilita el arte, la filosofía y la política creadora. Es la derivación natural y en niveles superiores del humanismo. El fascismo, en cambio, es la carencia de todo esto: es la negación de la condición humana.
En Nuestra América y en el mundo entero se libra esta lucha, con ciertas particularidades en cada país, pero en general lo que está en confrontación son dos corrientes históricas: la civilización contra la barbarie, el humanismo contra la bestialidad: civilización y humanismo conducen a la prolongación de la vida porque abrazan la inteligencia, la ternura y la solidaridad; la barbarie y la bestialidad conducen ciegamente a la muerte y extinción planetaria porque se aferran a la mentira, la frivolidad y la violencia.
Esta es la razón por la cual rechazo las opciones fascistas, porque reconozco la evolución de nuestra especie, valoro el asombroso desarrollo del cerebro humano, del lenguaje y del ejercicio sublime de la argumentación.
Este es el fundamento de mi voto por Iván, porque significa votar por el humanismo, por la civilidad en su máxima expresión, por la inteligencia superior que dicta respetar la vida en todas sus formas, en todas sus dimensiones, en todas sus diversidades.
No es una decisión coyuntural, es una concepción profunda a cerca de nuestra condición humana producto de millones de años que han moldeado nuestra naturaleza y nuestra consciencia.
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