
Por Edwin García
Una constitución es una fotografía de los niveles hegemónicos de las clases sociales; más que un pacto, representa un retrato de la disputa política. Así, las constituciones en Colombia han sido la expresión política de la hegemonía de las élites económicas. La Constitución de 1991 no es la excepción, pues se elaboró en medio del exterminio de un partido político alternativo y de los bombardeos a la insurgencia que había dado vida a dicho partido mediante un acuerdo de cese al fuego. Al tiempo que esa Constitución vio la luz, se fortaleció el proyecto paramilitar que despojó y masacró a la población civil para ensanchar el dominio terrateniente y narcotraficante.
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